La diabetes tipo 2 es una enfermedad crónica en la que el organismo no utiliza bien la insulina o no produce suficiente. Afecta a más de 500 millones de personas en el mundo y es la forma más frecuente de diabetes, representando el 90-95% de todos los casos. Con el estilo de vida adecuado, puede controlarse y en algunos casos revertirse.
Diferencias entre diabetes tipo 1 y tipo 2
En la tipo 1 el sistema inmune destruye las células beta del páncreas que producen insulina. Es una enfermedad autoinmune, generalmente de inicio en la infancia o adolescencia, y requiere insulina de por vida. En la tipo 2 el problema es distinto: el páncreas produce insulina pero las células del organismo no responden bien a ella (resistencia a la insulina). Con el tiempo, el páncreas puede agotarse y producir menos insulina.
Síntomas: cuándo sospecharla
La diabetes tipo 2 puede estar asintomática durante años. Cuando aparecen síntomas, los más característicos son: sed excesiva y boca seca, orinar frecuentemente (especialmente de noche), fatiga inusual, visión borrosa, heridas que tardan en cicatrizar e infecciones frecuentes (especialmente genitales o del tracto urinario).
Muchas personas se diagnostican de forma accidental en una analítica de rutina, con una glucosa en ayunas superior a 126 mg/dL en dos ocasiones, o una hemoglobina glicosilada (HbA1c) igual o mayor a 6,5%.
Factores de riesgo modificables
El sobrepeso y la obesidad, especialmente la grasa abdominal, son los factores de riesgo más importantes. La inactividad física, la dieta rica en ultraprocesados y azúcares añadidos, y el sueño insuficiente también aumentan el riesgo. Todos son modificables con cambios de estilo de vida.
Los factores no modificables incluyen la edad (el riesgo aumenta a partir de los 45 años), antecedentes familiares y ciertos grupos étnicos con predisposición genética mayor.
Tratamiento: más allá de los medicamentos
El primer escalón del tratamiento es siempre el cambio de estilo de vida: pérdida de peso si hay sobrepeso (con solo un 5-10% de reducción del peso corporal mejora significativamente el control glucémico), actividad física regular (150 minutos semanales de intensidad moderada) y dieta con reducción de carbohidratos refinados y azúcares.
Si los cambios de estilo de vida no son suficientes, el médico puede prescribir metformina como primer medicamento, seguida de otros antidiabéticos orales o inyectables según evolución. Los nuevos fármacos como los inhibidores SGLT-2 y los agonistas GLP-1 tienen además beneficios cardiovasculares y renales demostrados.
Complicaciones a largo plazo
Un control glucémico deficiente durante años daña los vasos sanguíneos y los nervios. Las complicaciones principales son: retinopatía (puede causar ceguera), nefropatía (deterioro renal), neuropatía (pérdida de sensibilidad, especialmente en los pies), cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular. La mayoría se pueden prevenir o retrasar con un buen control de la glucosa, la presión arterial y el colesterol.
Preguntas frecuentes
¿Se puede revertir la diabetes tipo 2? En fases iniciales, con pérdida de peso significativa y cambios de estilo de vida, algunos pacientes alcanzan remisión (glucosa normal sin medicación). No es curación definitiva, ya que la predisposición permanece, pero sí una mejora sustancial.
¿La diabetes tipo 2 requiere siempre insulina? No necesariamente. Muchos pacientes se controlan bien con medicación oral o inyectables no insulínicos. La insulina puede ser necesaria si el páncreas se agota con el tiempo o en situaciones de estrés agudo.